En un mundo donde la atención dura menos que un recreo y las neuronas de los alumnos saltan entre pestañas del navegador, los flashcards o flipcards pueden ser ese recurso que te saque del apuro (y de la monotonía).
En este post te contamos qué son, cómo usarlos en clase y, sobre todo, cómo pueden ayudarte a que tus estudiantes aprendan algo… y no solo sobrevivan a la hora de Mates.
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Spoiler: no, no es una nueva aplicación de moda ni una coreografía de TikTok.
Una flashcard es básicamente una tarjeta con dos caras: en una escribes la pregunta (o el concepto), y en la otra, la respuesta. Vamos, lo de toda la vida cuando preparabas los exámenes con fichas que acababan arrugadas en el fondo de la mochila.
Ahora bien, el siglo XXI ha llegado a las aulas (aunque a veces la WiFi no lo sepa) y las flashcards se han digitalizado. Plataformas como Quizlet, Anki o incluso Genially permiten crear colecciones interactivas con gifs, imágenes y sonidos.
Todo muy bonito, sí, pero lo importante es que… ¡funcionan!
Además de para que parezcas un docente super techie delante del claustro, las flashcards tienen un montón de beneficios reales:
- Favorecen la memoria a largo plazo: gracias a la repetición espaciada (que no tiene nada que ver con repetir curso, por si acaso).
- Motivan incluso a los más distraídos: sí, incluso a ese alumno que siempre pregunta si “eso entra para nota”.
- Son ideales para repasar sin aburrir: dinámicas, rápidas y adaptables a cualquier asignatura.
- Fomentan la autonomía: porque no siempre puedes estar repitiendo lo mismo 27 veces por clase.
Lo primero que debes saber es que no necesitas una ingeniería informática para empezar, así que puedes estar tranquilo. Aquí van unas formas de aplicarlas y quedar como un/a docente nivel leyenda:
- Versión tradicional: cartulinas recortadas, rotulador y a jugar. ¡Se pueden intercambiar, esconder en la clase o hasta hacer campeonatos!
- Versión digital: apps como Quizlet, Anki o Brainscape hacen el trabajo sucio por ti. Y sí, se puede usar desde el móvil, lo que ya es medio camino ganado.
- Los hacen ellos: dale la vuelta a la tortilla y deja que sean los alumnos quienes las creen. Aprenden el doble y tú corriges la mitad.
- Modo batalla final: puedes organizar sesiones gamificadas con las flashcards como si fueran combates Pokémon.
En tiempos donde recordar la contraseña del correo ya es un logro, las flashcards se presentan como una herramienta simple pero poderosa para afianzar aprendizajes. No hacen milagros, pero ayudan. Y mucho.
Así que si buscas una forma de que a tus alumnos no se les borre todo del “disco duro” nada más salir por la puerta del aula, dale una oportunidad a las flashcards. Que al fin y al cabo, si algo funciona y encima es divertido (como Eutopía), ¿por qué no aprovecharlo?